domingo, 4 de julio de 2010

Lo que tenía pendiente


Cuando supe que venía a Calcuta traté de informarme un poco más sobre esta ciudad, dado que la única referencia que tenía era la de la Madre Teresa de Calcuta. Sobre la Madre Teresa de Calcuta solo sabía que había dedicado su vida a los pobres y a los más necesitados y que era la respuesta preferida de las reinas de belleza cuando se les preguntaba a qué personaje admiraban; aunque creo que muy pocas de ellas sabían realmente donde quedaba Calcuta y cuál era la realidad a la que ella trataba de llevar un alivio. En mi búsqueda de información sobre Calcuta me tope con el blog de una niña argentina, quien había venido como voluntaria a Calcuta a trabajar con los niños del hogar de la madre teresa; al leer el blog y ver las fotos no pude evitar sentirme conmovida por la realidad que ella contaba, al mismo tiempo que una voz en mi interior me decía que mi venida a Calcuta no era gratuita y aparte de llevar a cabo mi práctica, me esperaba una misión un poco más humana donde me toparía con una realidad que me arrancaría lágrimas y sonrisas. De la misma manera, una amiga de la universidad había venido a Calcuta motivada por esta misma niña argentina, ella estuvo un mes como voluntaria y se llevo una experiencia que le quedo grabada en la piel y en el alma. Ella me dijo que Calcuta era una ciudad dura, que le había hecho llorar muchas veces y hasta le había quitado las ganas de comer al ver como tanta gente mendigaba en las calles. Fue así como se despertó en mí un interés por ver y vivir esa realidad, por conocer cómo vivía la madre teresa, por trabajar con esos niños desnutridos o que padecen alguna enfermedad terminal. Fue así como comprendí que la virgen me había puesto en Calcuta no solo para hacer mi práctica, sino para vivir una experiencia de vida y entender cómo dar siempre significa más que recibir. El viernes fui a la misa en mother’s house, en la capilla donde está la tumba de la Madre Teresa; al llegar y orar, las lágrimas caían de mi rostro, me sentí vulnerable, conmovida, un tanto sola, extrañando tantas cosas, haciéndome tantas preguntas. En la tumba estaba escrito en letras formadas por flores amarillas “You are precious to him”, así comencé a construir la respuesta a la pregunta de por qué estoy en Calcuta. Estar allí me abrió los ojos y el corazón para empezar realmente mi misión en este lugar.

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